¿Qué es un inhibidor del apetito?

En la mayoría de las sociedades la prevalencia de la obesidad ha alcanzado altas proporciones. Por ejemplo, Estados Unidos es el segundo país con más obesidad a nivel mundial, ya que el 80,5% de los adultos presentan sobrepeso u obesidad. De acuerdo con las predicciones del Gobierno americano, se estima que el 75% de adultos y cerca de un 24% de los niños y adolescentes en Estados Unidos tendrán obesidad o sobrepeso. 


Hoy en día la obesidad es definida como una enfermedad neurobiológica que reduce la esperanza de vida y es un factor de riesgo para desarrollar enfermedades cardiovasculares, ciertos tipos de cánceres y desarrollo de diabetes tipo 2. Por eso la obesidad es considerada un problema de salud pública, que afecta a otros sectores sociales como el industrial, el educativo y el gubernamental, además de generar costos de millones de dólares a la economía.


El tratamiento de la obesidad debe ser multidisciplinario, involucrando a médicos nutriólogos, nutricionistas, kinesiólogos o fisiatras, psicólogos y cirujanos, contemplando los siguientes aspectos principales:

  • Dietoterapia: La dieta es el componente esencial de las intervenciones para reducir de peso, incluso cuando se opta por el uso de fármacos o cirugía. Para la elaboración de la prescripción dietética, es fundamental determinar la ingesta nutricional, los requerimientos calóricos y las comorbilidades. 
  • Actividad física: El ejercicio es un potente activador de la lipólisis, lo cual libera ácidos grasos desde los triglicéridos almacenados como grasa para ser utilizados como fuente energética. A pesar de que el ejercicio sólo induce una reducción de 2 a 3% del IMC, éste es más efectivo cuando se asocia a tratamiento dietario. Por otra parte, realizar actividad física regular, pareciera ser el componente del tratamiento que más promueve la mantención a largo plazo del peso reducido.
  • Modificación conductual-cognitiva: Las terapias de cambios de conducta son estrategias para modificar los hábitos de alimentación y de actividad física de los pacientes que padecen de obesidad. Las técnicas de conducta más utilizadas incluyen: automonitoreo de la ingesta y actividad física, manejo del estrés o condiciones psicológicas que gatillan la ingesta, resolución de problemas relacionados con el peso e implementación de alternativas más saludables.
  • Farmacoterapia: La farmacoterapia es considerada en pacientes con IMC >30 o con IMC <27 asociada a otras patologías relacionadas a la obesidad. El uso de fármacos debe ser coadyuvante al tratamiento, y deben ser indicados cuando no se obtiene una respuesta adecuada a las modificaciones del estilo de vida.


Mecanismos de los fármacos:

Hay que tener en cuenta que la regulación corporal es un sistema complejo de sistemas de retroalimentación sobrepuestos. La obesidad resulta por una mayor ingesta de energía que de un gasto energético, aunque este balance es afectado por factores genéticos, ambientales y culturales.

 

Los tres mecanismos primarios que pueden ser alterados para revertir el estado de ingesta energética mayor que el gasto energético son la ingesta de alimento, el manejo de nutrientes y el gasto energético.

 

Muchos de los medicamentos disponibles y en desarrollo apuntan a uno de estos tres mecanismos: reducir el apetito, decrecer la absorción de nutrientes, incrementar la termogénesis.


Si nos referimos específicamente a los fármacos que son utilizados para reducir el apetito estos actúan principalmente a nivel central aumentando la liberación de norepinefrina (NE) o bloqueando su recaptación a nivel neuronal. La mayor disponibilidad de y de esta forma reducen el apetito.


  • Fentermina: Ha sido aprobada por la FDA para uso a corto plazo (hasta 12 semanas) en el manejo de la obesidad. En general es bien tolerada, aunque puede producir agitación y aumentar la presión arterial y frecuencia cardíaca.
  • Sibutramina: Inhibidor selectivo a nivel central de la recaptación de NE y serotonina. Ha sido aprobada por la FDA para la inducción y mantención de la reducción de peso. Promueve una reducción de peso dosis-dependiente por disminución del apetito e inducción de saciedad precoz. Sus efectos colaterales más frecuentes incluyen constipación, insomnio y sequedad bucal. También puede ocasionar alzas de la presión arterial y frecuencia cardíaca.

Es importante mencionar que este tipo de fármacos siempre debe ser recetado por un médico que conozca antecedentes importantes sobre la salud de cada persona, ya que como se mencionó anteriormente deben cumplir con una serie de requisitos para ser prescritos de forma responsable. 

 

Referencia bibliográfica: 

Calzada-León, Raúl, Altamirano-Bustamante, Nelly, & Ruiz-Reyes, María de la Luz. (2008). Reguladores neuroendocrinos y gastrointestinales del apetito y la saciedad. Boletín médico del Hospital Infantil de México, 65(6), 468-487.

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