3 suplementos que no te pueden faltar este invierno

Con la llegada del invierno, aumenta de contagio de ciertas enfermedades, es por ello que resulta imprescindible mantener nuestro sistema inmunológico protegido.

 

La principal función de nuestro sistema inmune es proteger al individuo contra los organismos patógenos. Un estado nutricional adecuado es crucial para el desarrollo, mantenimiento y expresión de la respuesta inmune. Los micronutrientes (es decir, vitaminas y minerales) influyen y respaldan cada etapa de la respuesta inmunitaria.

 

Las deficiencias de micronutrientes afectan nuestra inmunidad causando inmunosupresión y aumentando así la susceptibilidad a las infecciones, especialmente en esta época del año.

 

Muchas veces la alimentación diaria no alcanza a cubrir los requerimientos de algunos micronutrientes, por lo que resulta indispensable el consumo de suplementos alimenticios, con el objetivo de corregir esta deficiencia y a la vez mantener de forma optima nuestro sistema inmune.

 

A continuación, te presentamos estos tres suplementos que no te pueden faltar en invierno:

 

  1. Vitamina D:

La vitamina D es una hormona inmunomoduladora. Inhibe la proliferación de células B y bloquea la diferenciación de las miasma, así como la secreción de inmunoglobulina. También, estimula significativamente la expresión de potentes péptidos antimicrobianos en neutrófilos, monocitos y células epiteliales que recubren el tracto respiratorio, los cuales juegan un papel importante en la protección de los pulmones contra las infecciones.

 

Las fuentes dietéticas naturales de vitamina D son limitadas y la fortificación de los alimentos es opcional o inexistente. Por lo tanto, para la mayoría de las personas, la vitamina D se obtiene principalmente por la producción cutánea de la exposición al sol. Sin embargo, muchas variables influyen en la cantidad de UVB de la luz solar que llega a la piel y en su eficacia. Estos incluyen la hora del día, la estación, la latitud, la altitud, la ropa, el uso de protector solar, la pigmentación y la edad.

 

Desafortunadamente, se sabe que las ingestas diarias de vitamina D comúnmente recomendadas son insuficientes si la exposición a la luz solar es limitada.

 

 La medición del total de 25 hidroxi vitamina D es la mejor prueba para evaluar las reservas corporales de vitamina D.

 

Una vez que te realices la medición de estos niveles en sangre, podrás conocer el nivel de severidad de tu déficit, y a partir de este nivel será posible indicar la dosis de suplementación.

 

Niveles óptimos

Se reporta un amplio rango “óptimo” para 25(OH)D (25-80 ng/mL), y existen diferencias de opinión en cuanto a las definiciones de insuficiencia de vitamina D (a veces reportada como <30 ng/mL) y deficiencia (< 20 ng/mL).

 

La suplementación con vitamina D es segura y económica, pero la deficiencia de vitamina D a menudo no se diagnostica o no se trata adecuadamente

 

¿Cuánta vitamina D se necesita para corregir la deficiencia severa de vitamina D (<10 ng/mL)?

Aunque no está validado por ensayos clínicos, una estrategia comúnmente aplicada es prescribir una "dosis de carga" (p. ej., 50 000 UI de vitamina D por vía oral una vez a la semana durante 2 o 3 meses, o 3 veces a la semana durante 1 mes).

 

Para la deficiencia de leve a moderada (11-25 ng/mL), un intervalo de tratamiento más corto o una dosis más baja pueden ser efectivos.

 

Aunque se pueden usar muchas estrategias diferentes para tratar la deficiencia de vitamina D, un descuido común en el manejo es suspender el tratamiento o proporcionar una dosis de mantenimiento de vitamina D inadecuada una vez que el nivel de 25 (OH) D alcanza el rango óptimo. Independientemente de la terapia inicial con vitamina D, y suponiendo que no haya cambios en el estilo de vida o la dieta, se necesitará una dosis diaria de mantenimiento/prevención de 800 a 2000 UI o más para evitar la deficiencia recurrente.

 

 

  1. Zinc

El Zinc es importante para la síntesis de ADN, en el crecimiento y la diferenciación celular, y en la defensa antioxidante, todos importantes para la función de las células inmunitarias. También es un cofactor para muchas enzimas.

 

La deficiencia de zinc tiene un impacto marcado en la médula ósea, disminuyendo el número de precursores de las células inmunitarias. La deficiencia de zinc afecta muchos aspectos de la inmunidad innata, incluida la fagocitosis, la actividad de las células asesinas naturales y el estallido respiratorio

 

Las personas mayores de 60 a 65 años tienen ingestas de zinc por debajo del 50 % de la cantidad diaria recomendada en un día determinado. Muchas causas pueden estar involucradas: entre ellas, absorción intestinal alterada, masticación inadecuada, factores psicosociales, interacciones medicamentosas, procesos subcelulares alterados, entre otros.

 

La suplementación con zinc puede remodelar las alteraciones inmunitarias en los ancianos que conducen a un envejecimiento saludable.

 

La ingesta diaria recomendada (RDA) de zinc en adultos jóvenes y mayores es de 11 mg/día para hombres y 8 mg/día para mujeres.

 

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  1. Vitamina C:

 

La vitamina C es un micronutriente esencial requerido para el funcionamiento metabólico normal del cuerpo. Es cofactor de varias enzimas implicadas en la biosíntesis de colágeno, carnitina y neurotransmisores.

 

La vitamina C regula el sistema inmunitario, desempeña un papel en la función fagocítica y tiene un efecto inmunoestimulador sobre las células linfocitarias. La vitamina C está muy concentrada en los leucocitos y se utiliza rápidamente durante la infección.

 

La deficiencia de vitamina C se asocia con una disminución de la resistencia a las enfermedades, mientras que un consumo de suplementos puede estimular la actividad fagocítica y linfocítica T.

 

Además, esta vitamina promueve la síntesis de colágeno y protege las membranas celulares del daño causado por los radicales libres, apoyando así la integridad de las barreras epiteliales. Es un antioxidante eficaz contra las ROS (especies reactivas de oxígeno), que se encuentran cuando las células inmunitarias matan a los patógenos.

 

Para los adultos, la cantidad diaria recomendada de vitamina C es de 65 a 90 miligramos (mg) al día, y el límite superior es de 2000 mg al día.

 

 

Referencias Bibliográficas :

Maggini, S., Wenzlaff, S., & Hornig, D. (2010). Essential Role of Vitamin C and Zinc in Child Immunity and Health. Journal of International Medical Research, 386–414. https://doi.org/10.1177/147323001003800203

Perrera, KA, Drake, MT y Hurley, DL (2010). Deficiencia de vitamina D en adultos: cuándo probar y cómo tratar. Procedimientos de Mayo Clinic , 85 (8), 752–758. https://doi.org/10.4065/mcp.2010.0138

Mocchegiani, E., Romeo, J., Malavolta, M., Costarelli, L., Giacconi, R., Diaz, LE, & Marcos, A. (2013). Zinc: ingesta dietética e impacto de la suplementación en la función inmune en ancianos. Age (Dordrecht, Países Bajos) , 35 (3), 839–860. https://doi.org/10.1007/s11357-011-9377-3

 

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